Común en los Estados Unidos, la HPB es mucho menos frecuente en otras partes del mundo. Razón por la cual se considera que el medio ambiente, el estilo de vida y la dieta desempeñan claramente un papel importante en su desarrollo.

Tanto el agrandamiento de la próstata y el cáncer de próstata son mucho menos frecuentes en países como Japón. Por ejemplo, al parecer debido a un mayor consumo de leguminosas como la soja, las habas, así como de verduras pertenecientes a la familia del repollo. Todas ellas contienen fitoestrógenos o isoflavonas, que son inhibidores del cáncer.

Los investigadores han encontrado niveles mucho más altos de estos fitoestrógenos en la sangre de los hombres japoneses que en los hombres occidentales. Parecen tener un efecto de bloqueo contra el cáncer de próstata y enfermedades prostáticas en general.

La dieta también afecta el metabolismo de la prostaglandina, que es sumamente importante para la salud de la próstata. El ácido araquidónico presente en las carnes estimula la producción de “prostaglandinas malas”, y por otro lado la dieta occidental es generalmente deficiente en ácidos grasos esenciales, aceites omega-3 y omega-6, que promuevan las “prostaglandinas buenas”.

Los aceites omega-3 encuentran en peces de agua fría como el atún, salmón, arenque, trucha, caballa, sardinas y en el hígado de bacalao. Así como en frutos secos y semillas, incluyendo la calabaza que es sumamente rica en zinc y cuyos efectos protectores en la próstata son considerables.

Los aceites omega-6 se encuentran en fuentes vegetales, como aceite de onagra, aceite de borraja y aceite de semilla de grosella negra.



Fuente: temassobresalud.com