Origen de la palabra

Comúnmente se ha explicado que el término “próstata” proviene del griego προστάτης, prostátēs, y significa, en sentido literal, “el guardián”, “el que se sitúa delante”. Sin embargo, los griegos no la llamaban así, sino que se referían a esta glándula con el nombre de παραστάτης, parastátēs, “el que está al lado”, “asistente”, “anexo”, término que empezó a usar el médico griego Herófilo en el siglo IV a.C. Se considera que este cambio en el término se debe a un error de lectura y de traducción de un manuscrito del médico griego Galeno; la palabra prostátēs no se usó en medicina en esa época, ningún médico griego empleó este término.

Es probable que la primera vez que se usara “próstata” fuera en unos manuscritos en francés del siglo XVI, empleado como prostate. Al no recurrir a los textos griegos originales, el vocablo equivocado se ha extendido hasta la actualidad, lo cual ha generado…, ¡un error de traducción!

Función de la próstata

El médico griego Galeno, en el siglo II d.C., describió en su obra la función de la próstata con las siguientes palabras: el líquido que se produce en esos cuerpos glandulares se vierte al conducto de la orina en los machos al mismo tiempo que el esperma. Sus funciones son excitar para la relación sexual, producir placer y humedecer el conducto de la orina durante el contacto sexual.


Lo cierto es que no iba muy desencaminado: la próstata es una glándula situada bajo la vejiga que tiene la función de fabricar el líquido prostático que protege a los espermatozoides, presionar para que el semen salga al exterior a través de la uretra y además se encarga de bloquear la vejiga para que la orina no salga durante la relación sexual.

Diagnosticar anomalías en la próstata

A partir de los 45 años, es aconsejable que el hombre se realice revisiones anuales con su urólogo para prevenir cualquier enfermedad relacionada con la próstata (prostatitis, hiperplasia, etc.). En muchas ocasiones, esto puede despertar muchos recelos, ya que la inspección de la próstata se asocia con el temido tacto rectal. ¡Nada más lejos de la realidad!

Actualmente se recurre a analíticas de sangre que incluyen el antígeno prostático (PSA), pruebas de imagen (por ejemplo, una ecografía) o una flujometría, que sirve para medir la fuerza del flujo de la orina y evaluar si el tamaño de la próstata está impidiendo que la vejiga se vacíe con normalidad.


¿Me harán un tacto rectal si voy a un revisión de próstata? Casi seguro que no. Desde luego, no en nuestras clínicas. El tacto rectal solo se lleva a cabo en contadas ocasiones cuando los resultados apuntan hacia alguna anomalía que conviene explorar.

Curiosidades históricas

En la antigüedad ya se conocían los fenómenos de retención de la orina o las dificultades para orinar. Sin embargo, se atribuían a cálculos vesicales, sin relación con la próstata. El médico Herófilo, que hemos citado más arriba, definió la próstata como “un tejido esponjoso al lado del cuello vesical atravesado por los canales eyaculadores. Sin embargo, la función que tenía la próstata no se conocía muy bien.


Tendremos que esperar al siglo XVI para que se establezcan las funciones fisiológicas de la próstata, principalmente de la mano de Ambroise Paré, cirujano que la describió a la perfección. A lo largo de los siglos XVI y XVII ya se pudo asociar el aumento de tamaño de la próstata con la obstrucción de la vejiga y en siglo XVIII no pocos cirujanos se interesaron por la forma de tratar esta obstrucción.


Fue en el siglo XIX cuando el cirujano francés Louis Auguste Mercier acuñó el término de “hipertrofia prostática”.

Cáncer de próstata, de los menos agresivos

La palabra “cáncer” nos asusta y preocupa. En el caso del cáncer de próstata, según la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en Europa y España es el segundo tipo de cáncer más diagnosticado en hombres. También afirman que España es el país con un mayor número de diagnósticos. Detectarlo pronto es clave para que el pronóstico sea bueno, por eso desde aquí animamos a una revisión anual a partir de los 45 años e incluso antes, en caso de que en la familia haya antecedentes. Si bien es cierto que es un tumor con una alta incidencia, también es uno de los que presentan mayores tasas de supervivencia. De hecho, si se detecta en sus fases iniciales, los tratamientos pueden ser sencillos y las probabilidades de curación muy elevadas.


Fuente: haysoluciones.com




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