La próstata es la glándula masculina ubicada en la pelvis, entre la vejiga y la uretra, cuya función es producir, conjuntamente con las vesículas seminales, líquido seminal, para nutrir y proteger  los espermatozoides. Se puede afectar no solo por cáncer: existen dos patologías benignas, muy frecuentes, que también puede presentarse: la  prostatitis  y la  hiperplasia prostática benigna.


Prostatitis


Tanto jóvenes como adultos pueden sufrirla.  “La prostatitis es una inflamación de la próstata, usualmente producto de una infección, en muchos casos es posterior a una enfermedad de transmisión sexual, aunque no es la única causa”, señala el urólogo Víctor Gómez, de la Clínica Sanatrix.

Agrega Gómez que entre los síntomas más comunes de la prostatitis figuran: dificultad al orinar, micciones frecuentes, dolor en la parte baja de la espalda o en la ingle, dolor al eyacular, fiebre, y, en casos más graves, imposibilidad para orinar.

Para hacer el diagnostico se realiza un examen físico, que incluye tacto rectal y un análisis de orina más cultivo. Otro parámetro importante es determinar los niveles de antígeno prostático (PSA), porque cuando hay prostatitis es posible que se encuentre elevado. La ecosonografía, actualmente, es parte integral de la evaluación prostática. “El tratamiento depende del tipo de prostatitis que se diagnostique,  en la mayoría de los casos se administran antibióticos, mínimo por 15 a 21 días, para disminuir la recurrencia” señaló.


Hiperplasia prostática benigna


A partir de los 35 años es común que el hombre experimente aumento del volumen de la próstata. Este crecimiento se conoce como hiperplasia prostática benigna, que se manifiesta con retardo al iniciar la micción, pujo al orinar, micciones entrecortadas, goteo al final, entre otros.  “Estos síntomas no son exclusivos de la hiperplasia prostática benigna, por lo que es de suma importancia hacer el diagnóstico diferencial con una evaluación urológica completa”, explica la doctora Ammy Sánchez, especialista en urología.

El estudio incluye, además del tacto rectal, examen de orina y niveles de PSA, ecografía prostática, estudio del flujo urinario urofujo y, si hay presencia de sangre en la orina, es necesario efectuar una cistoscopia.

El tratamiento de la hiperplasia prostática benigna  depende de los síntomas y del tamaño de la próstata del paciente. La primera medida terapéutica incluye observación y controles periódicos, pero cuando hay manifestaciones clínicas se inicia el tratamiento farmacológico, que es muy efectivo, pero no está exento de efectos secundarios si se usa por tiempo prolongado. 


El alerta


Factores de riesgo.  Explica el Instituto Nacional de Diabetes y enfermedades digestivas y renales de Estados Unidos que los problemas en el aparato urinario pueden ser causados por envejecimiento, enfermedad, o lesión. A medida que se envejece, los cambios en la estructura de los riñones hacen que pierdan habilidad para eliminar desechos de la sangre. Los músculos de los uréteres, vejiga y uretra tienden a perder fuerza. Eso eleva el riesgo de  infecciones urinarias porque los músculos de la vejiga no se contraen lo suficiente para vaciarla por completo.


La cifra


1,5 litros de orina al día es lo que suelen desechar, en promedio, los adultos al día. Esta cantidad varía dependiendo de algunos  factores. El principal es la cantidad de líquido y alimento que una persona ingiere y el volumen de líquido que pierde al sudar y al respirar. Existen medicamentos que también pueden alterar la cantidad de orina que el cuerpo elimina.


El dato


El aparato urinario limpia todo el organismo. Comprende órganos, tubos, músculos y nervios que trabajan en conjunto para producir, almacenar y transportar orina. Cuenta con dos riñones, dos uréteres, la vejiga, dos músculos esfínteres y la uretra. El aparato urinario trabaja con los pulmones, la piel y los intestinos, que también excretan desechos, para mantener en equilibrio las sustancias químicas y el agua en el cuerpo.


La duda

¿La hiperplasia siempre requiere de cirugía? No siempre. “Si los síntomas son muy severos, con alto riesgo de repercusiones sobre otros órganos como riñones, necesidad de sonda vesical o no se responde al tratamiento, se recurre a cirugía. La primera opción son técnicas endoscópicas que eliminan tejido prostático a través de la uretra, con electroresección o vaporización por laser o plasma”, señala la doctora Ammy Sánchez.


Fuente: eluniversal.com