• Ejercicios del suelo pélvico
  • Un pesario
  • Cirugía

Ejercicios

Los ejercicios del suelo pélvico, como los ejercicios de Kegel, pueden disminuir los síntomas molestos, incluyendo la incontinencia por esfuerzo, pero no afectan al prolapso en sí. Tienden a ser más útiles si el prolapso es leve.


Estos ejercicios ayudan a fortalecer los músculos del suelo pélvico. Los ejercicios de Kegel van dirigidos a los músculos de alrededor de la vagina, la uretra y el recto, que se utilizan para detener el flujo de orina. Estos músculos se aprietan con firmeza y se mantienen contraídos durante 1 o 2 segundos aproximadamente, y luego se relajan durante otros 10 segundos. Poco a poco las contracciones se alargan hasta durar cerca de 10 segundos cada una. Este ejercicio se repite unas 10 veces seguidas. Se recomienda realizar esta serie de ejercicios varias veces al día. Los ejercicios de Kegel pueden hacerse sentada, de pie o tumbada.


Algunas mujeres tienen dificultades para contraer los músculos correctos. Las siguientes técnicas contribuyen a aprender a realizar estos ejercicios:

  • Pequeños conos insertados en la vagina, que ayudan a contraer los músculos correctos.
  • Dispositivos de biorretroalimentación.
  • Estimulación eléctrica (un profesional sanitario inserta una sonda que transmite corriente eléctrica para contraer el músculo correcto).

Pesarios

Si el prolapso causa síntomas, puede introducirse un dispositivo denominado pesario en la vagina, para que sirva de soporte a los órganos del suelo pélvico. Los pesarios son especialmente beneficiosos para las mujeres que están esperando una intervención quirúrgica y para las que no quieren o no pueden someterse a cirugía.

Este puede tener la forma de un diafragma, de cubo o de anillo. Algunos se pueden inflar. El médico prueba diversos tamaños de pesario hasta encontrar el adecuado. En algunos países, los pesarios se pueden adquirir sin receta médica.

A veces se opta por llevar el pesario constantemente. Otras mujeres optan por quitarse el pesario en ocasiones (por ejemplo, durante la noche).


Es necesario retirar el pesario de forma periódica y limpiarlo con agua y jabón. Se enseña a la mujer cómo realizar la inserción y la extracción del pesario para limpiarlo; si lo prefieren, pueden acudir periódicamente al consultorio médico para esta limpieza. El pesario debe limpiarse o cambiarse al menos una vez cada 2 a 3 semanas. Se debe retirar durante el coito.

Los pesarios a veces irritan los tejidos vaginales y causan una secreción maloliente. La secreción puede reducirse mediante la limpieza regular, si es posible todas las noches. Utilizar una vaselina vaginal que reestablezca y mantenga la acidez normal (pH) de la vagina también puede ser de utilidad. Restaurar el pH a sus valores normales impide el crecimiento de las bacterias que producen olor. Esta vaselina se inserta en la vagina con un aplicador, siguiendo las instrucciones del médico. Estas vaselinas contienen sulfato de hidroxiquinolina más lauril sulfato de sodio.

Las mujeres que usan un pesario deben consultar a su médico periódicamente (por ejemplo, una o dos semanas después de la primera inserción, luego un mes o dos más tarde, luego cada 6 a 12 meses).

Cirugía

Si los síntomas persisten después de haber probado los ejercicios de suelo pélvico y un pesario, se recurre a una intervención quirúrgica. La cirugía también es una opción para las mujeres que no desean usar un pesario. A menudo solo se practica cuando la mujer ha decidido no tener más hijos.

Se utiliza uno de los siguientes tipos de cirugía:

  • Cirugía vaginal: la cirugía se realiza a través de la vagina en lugar del abdomen. En estos casos, no es necesaria una incisión externa.
  • Cirugía abdominal: se realizan una o más incisiones en el abdomen.

La cirugía abdominal consiste en lo siguiente:

  • Laparotomía: se realiza una incisión de varios centímetros de longitud en el abdomen.
  • Cirugía laparoscópica: se inserta un tubo de visualización (laparoscopio) y los instrumentos quirúrgicos a través de varias incisiones pequeñas practicadas en la parte inferior del abdomen.

Se localiza la zona debilitada y se refuerzan los tejidos de alrededor para evitar que el órgano descienda a través de la zona débil. Entre los procedimientos se encuentran los siguientes:

  • En el caso de rectoceles, enteroceles, cistoceles y cistouretroceles, el médico puede volver a conectar tejidos que normalmente soportan la vagina pero que se han separado con el tiempo (llamado colporrafia).
  • Algunas veces los médicos también reparan los tejidos entre el orificio de la vagina y el ano (perineorrafia).

En estos dos procedimientos la cirugía se realiza a través de la vagina. Estos procedimientos no requieren realizar una incisión en el abdomen.

Para corregir un prolapso grave del útero o la vagina suele extirparse el útero (si aún está presente) (histerectomía). Además, la parte superior de la vagina se suele unir con suturas a una estructura estable cercana, como un hueso o un ligamento fuerte en la pelvis. Estos procedimientos se realizan utilizando un laparoscopio o mediante una incisión en el abdomen o en la vagina. La colporrafia o la perineorrafia también pueden ser necesarias.

El uso de una malla sintética para reparar el prolapso hace que la sujeción sea más fuerte. Se utiliza principalmente cuando la cirugía se realiza mediante una laparoscopia o una incisión abdominal. Por lo general la malla no se utiliza cuando la cirugía se realiza por vía vaginal, porque en este caso la malla suele provocar más complicaciones. Las complicaciones incluyen infecciones, daños a las estructuras de la pelvis, dolor pélvico y dolor durante el coito. Estas complicaciones pueden precisar una reparación quirúrgica. La malla utilizada para reparar la vagina es diferente de la utilizada para tratar la incontinencia urinaria. Si el prolapso requiere reparación quirúrgica, las mujeres deben preguntar a su médico si se usará malla y, si es así, cuáles son los riesgos y beneficios de usar malla en su caso.

Si el prolapso vaginal es grave y la mujer no se plantea tener una vida sexual activa, otra opción es la obliteración vaginal. Para este procedimiento se retira la mayor parte del recubrimiento de la vagina y esta se cierra mediante sutura. Debido a que este procedimiento se puede realizar de forma rápida y causa pocas complicaciones, puede ser una buena opción para las mujeres con trastornos que provocan que la cirugía sea de riesgo (por ejemplo, un trastorno cardíaco). Además, después de la obliteración es improbable que se repita el prolapso.

Después de una intervención quirúrgica destinada a corregir un trastorno del suelo pélvico, suele introducirse una sonda en la vejiga para drenar la orina durante 24 horas. Si hay incontinencia urinaria o puede ocurrir después de dicha intervención quirúrgica, la cirugía para corregirla puede realizarse al mismo tiempo en la mayoría de los casos. Entonces es posible que la sonda se necesite más tiempo.

Hay que evitar levantar pesos, hacer esfuerzos y mantenerse de pie durante mucho tiempo, por lo menos hasta 3 meses después de la intervención para corregir un trastorno del suelo pélvico.

Fuente: merckmanuals.com